Asociación de Criaderos y Cotos de La Pampa
Un tema de actualidad y candente: La Caza del Puma
Hacer las cosas mal no es la
única manera de hacer las cosas

La caza deportiva está tomando gran desarrollo en nuestro país y muy especialmente, en la provincia de La Pampa.
 Tanto es el impulso alcanzado, que ya no se circunscribe a las provincias con mayor tradición cinegética, tales como Neuquén y La Pampa, para caza mayor y Buenos Aires y Córdoba, para caza menor. Hoy existen cotos de caza distribuidos a lo largo del país, en la mayoría de las provincias.
Esto es así como consecuencia  de una sostenida demanda internacional para la práctica de esta actividad, favorecida en los últimos años por la atractiva relación de nuestra moneda con el Dólar norteamericano y el Euro, a lo que se suma una oferta turística muy variada.

Actividad económica
Cada vez es mayor la tendencia a dedicar algunos días a la cacería y complementar el viaje con visitas a los centros turísticos más emble­máticos de la Argentina.
Ya es muy conocido que, tanto el turismo cinegético, como el turismo vacacional, generan una actividad económica con amplia multiplicación en los distintos sectores de servicios, sosteniendo un importante número de puestos de trabajo. De ahí que se denomine vulgarmente a la actividad turística como “la industria sin chimeneas”.
Es por eso que con una caza racionalmente gestionada no sólo se beneficia el coto de caza o el operador cinegético, sino toda la comunidad.

Seriedad y ética
Pero también debemos saber que para atraer al visitante extranjero, debemos competir con otros destinos turístico-cinegéticos. Esa competencia esta determinada por características comparativas tales como: distancias al lugar de residencia, costos, y servicios, así como  variedad y calidad de especies a cazar. Pero existe algo más importante aún: la seriedad y ética comercial.
Debemos tener muy presente que esas cualidades competitivas se trasmiten boca a boca y cuando no se cumple con lo que se promete o se transgreden leyes o reglamentaciones en pos de obtener un beneficio comercial, o se engaña al cazador con prácticas reñidas con la ética de la caza, se está atentando entonces, no sólo contra el prestigio de la firma que ofreció el servicio, sino contra el prestigio de la Argentina toda, porque la transmisión oral de esta mala práctica no diferencia logos ni regiones, simplemente se recomendará “no cazar en Argentina”.


El puma es una especie autóctona muy atractiva para el
cazador extranjero y que sólo es posible cazar en muy
pocos lugares en el mundo.
Foto: www.region.com.ar

Caza del Puma
Tenemos un claro ejemplo en nuestra provincia con lo sucedido con la caza del puma. Especie autóctona muy atractiva para el cazador extranjero y que sólo es posible cazar en muy pocos lugares en el mundo. Esta condición de exclusividad fortalece nuestra competitividad con otros destinos cinegéticos, tal como mencionara en párrafos anteriores.
Pero, lamentablemente, su caza es muy aleatoria y, por lo tanto, difícil de asegurar en un plazo de pocos días. Por esta razón, se han utilizado diversos artilugios que nada tienen que ver con la ética de la caza y con las prácticas del bienestar animal, disciplina ésta, que cada día cobra más importancia en el mundo. A tal punto se ha llegado, que se entrampan ejemplares para luego soltarlos frente al cazador y se les suministra un tranquilizante para evitar que se escape.

Hacer las cosas mal no es la única manera
Pero no nos dejemos engañar, hacer las cosas mal no es la única manera de hacer las cosas. Existen otras alternativas para facilitar su cacería sin atentar contra la ética y el bienestar animal.
Todos sabemos que los vacunos son afectados por enfermedades transmisibles al hombre, pero no por eso dejamos de consumir carne, sino que desarrollamos meto­do­lo­gías para combatir y controlar esas enfermedades.
De la misma manera deberíamos actuar con el puma y con la cacería en general, en lugar de prohibir su caza o desacreditar la actividad, lo que debemos hacer es depurarla y combatir a quienes  la practican incorrectamente.
La mejor forma de conservar los recursos naturales es confiriéndole un valor económico, de tal manera que surja la necesidad de perpetuarlos en el tiempo e incluso, aumentarlos a través de inversiones  de distinta índole, como ocurre con los cotos de caza. Se esgrimen entonces supuestos argumentos técnicos no fundados debidamente, como he leído, por ejemplo, que la población de pumas se encuentra en disminución, argumentando supuestos estudios po­bla­cionales que no fueron presentados en ningún lado y, de ser cierto, sería muy importante que se dieran a conocer.

Nefasta trascendencia
Deberíamos ser más cuidadosos con lo que se dice y se escribe, porque el fenómeno de la globalización  no solo afecta a la economía, sino también a la información y, aunque no nos demos cuenta, lo que se publica en medios locales luego trasciende a medios internacionales.
Durante mi última visita a España, tuve la desagradable experiencia de ver publicado en una importante revista de caza, que en La Pampa se anestesia a los pumas para posteriormente cazarlos y que su población se encuentra en franco retroceso.
Considero que en términos de conservación, pueden ser mucho más nefastas las voces que se alzan sin ningún tipo de fundamento, que muchas acciones inescrupulosas sobre el medio ambiente.
La problemática del puma es mucho más compleja de lo que se pretende, minimizando el problema a una supuesta situación de vulnerabilidad.

Inversión y metodología
Aunque muchos pretendan desconocer la realidad, por su condición de predador, el puma siempre se ha encontrado en fuerte conflicto con la actividad ganadera, por lo que siempre fue combatido por amenazar dicha producción. A tal punto que en las provincias de Santa Cruz, Chubut y Río Negro, actualmente se compran oficialmente alrededor de 900 cueros de puma por año, mediante “la caza de recompensa”, sin importar su procedencia, como una forma de controlar su acción predadora. En nuestra provincia también se utilizó esta metodología hace más de 20 años atrás, pero, felizmente, los organismos oficiales se fueron dando cuenta que la mejor forma de conservar la especie y controlar su población era transformándola en un recurso valioso a través de la cacería controlada, en lugar de una  exterminación masiva.
No obstante, varios cotos de caza de nuestra provincia poseen criaderos habilitados para disminuir la presión sobre la población silvestre y asegurar la oferta y calidad del producto a ofrecer, de manera similar a como si viene trabajando con el ciervo colorado durante los últimos 20 años. Esto requiere de inversión y mucha dedicación, pero fundamentalmente, de la aplicación de metodologías que aseguren una cacería ética y fundamentalmente difícil.

Dr. Guillermo C. Mereb
Especialista en cría de especies silvestres,
asesor de criaderos y cotos
Publicado en suplemento «Aire Libre»,
producido por REGION® Empresa Periodística
 


 
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